El perro sano es chispeante, se muestra alerta y casi siempre despliega una vitalidad entusiasta. Un perro en buena forma siempre estará dispuesto a hacer ejercicio o a practicar cualquier juego, aunque disfrute dormitando durante gran parte del día.

Un perro en buena forma está limpio, robusto y lleno de vida, disfruta con la compañía humana y no es reticente a que lo toquen. El más leve cambio en su comportamiento habitual puede ser síntoma de enfermedad.

¿Cómo evaluar la salud de nuestro regalón?

Lo mejor es ir por partes:

1. Region anal

La zona anal debería estar limpia, sin signos de inflamación, bultos o heces secas. Lamerse en exceso o arrastrar la parte trasera por la alfombra o la hierba indica que hay alguna irritación, casi siempre provocada por la obstrucción de las glándulas anales.

2. Piel

La piel normal es resistente, limpia, y no presenta escamas secas, olores ni grasa. El pelaje sano brilla y, salvo la muda, no se desprende al tirar de él. Dependiendo de la raza, el pelo debe caer uniformemente por todo el cuerpo. No debería haber signos de parásitos, restos de pulgas, caspa, úlceras, calvas o fuertes olores.

3. Ojos

Los ojos del perro deberían estar brillantes, limpios y libres de secreciones, sin signos de enrojecimiento, bizquera o mala visión.

4. Orejas

La cara interna de la oreja debería ser de color rosa pálido y no presentar secreciones ni olores. Ambos pabellones deberían colgar simétricamente. Sacudir la cabeza ocasionalmente es normal, especialmente cuando el perro se levanta de una siesta.

5. Boca

Los dientes del perro son más blancos que los del hombre. Las encías y la lengua deberían ser de color rosa, a veces moteadas de negro. Los límites entre encías y dientes deben estar limpios, sin huecos en que puedan quedar retenidos restos de comida, provocando mal aliento.

6. Patas

Las patas deberían ser proporcionadas, limpias y simétricas. Hay que inspeccionar los pies por si hubiera cortes, quemaduras o roturas y daños en las uñas; también hay que buscar siempre entre los dedos la presencia de semillas de graneas, que pueden penetrar fácilmente en la piel provocando abcesos, siempre dolorosos.

Fuente: “Manual del cuidado del perro” Dr. Bruce Fogle.