Es muy importante que estemos pendientes del comienzo de la edad madura del perro acudiendo al veterinario de forma periódica, ya que de la observación, el análisis y las pruebas realizadas, se pueden extraer desde problemas auditivos, visuales u obesidad hasta dolencias que pueden afectar a partes indispensables de su organismo, haciendo acto de presencia la insuficiencia renal, los trastornos gastrointestinales, las enfermedades cardíacas o el cáncer.

Los avances en nutrición y en medicina han conseguido aumentar la esperanza de vida de nuestro mejor amigo: el perro.

Pero, de la misma forma que tiene lugar la aparición de ciertos achaques en la vejez del mundo canino no está exento de padecer enfermedades asociadas a la tercera edad. Los síntomas externos que nos alertarán para que empecemos a vigilar la evolución de nuestra mascota, serán las canas localizadas en los pies y en la parte que rodea al hocico. También nos servirá de alarma una mayor reticencia al ejercicio y a la actividad en general.

El aspecto de la movilidad está relacionado intrínsecamente con la alimentación de los ejemplares ancianos: al reducirse la actividad, bajan las necesidades calóricas. Un perro próximo a la senectud irá demandando físicamente una ingesta menos generosa para seguir en su peso idóneo. Tenemos que prestar atención a que coma según las calorías necesarias. Si no, corremos el riesgo de que sufra obesidad al comer más de lo esencial, colocándose su peso en un 20% más de lo habitual.

También puede darse el fenómeno inverso, es decir, que pierda apetito y adelgace. Tanto en un caso como en el otro, la dieta que nos encargue seguir el veterinario debe cumplirse íntegramente para que se mantengan los niveles correctos de minerales, proteínas y vitaminas. En el caso de la obesidad, deberemos complementar el régimen con el ejercicio regular.

La insuficiencia renal y los problemas cardíacos son males que, si no se tratan debidamente, pueden resultar mortales. Las disfunciones en el riñón acarrean graves consecuencias porque incapacitan al perro en tareas del organismo que antes eran automáticas, mientras que las cardiopatías se acentúan con el paso del tiempo volviendo el trabajo de bombear la sangre para el corazón, en un esfuerzo cada vez más costoso.

Por otro lado, el cáncer también puede afectar a nuestro animal de compañía en forma de tumores. Se recomienda que periódicamente se palpen los ganglios de la papada para ver si están inflamados, con el fin de detectar lo antes posible un posible cáncer linfático.